domingo, 9 de octubre de 2011

Una recomendación horticultora

¿Habéis visto a un caracol soñar con una lechuga? ¿Habéis oído el latido del corazón de un tomate? ¿Habéis observado la danza de las mariquitas? ¿Os habéis sumergido entre los repliegues de una col? ¿Habéis explorado las galerías que una lombriz ha excavado en la tierra? ¿Habéis trepado por una mata de judías? ...

¡Qué bonito! ¿Verdad? Yo quiero imaginar, soñar, percibir todo eso y mucho más. Estas palabras se pueden encontrar en la contraportada de este magnífico libro que ha llegado hasta mis manos: El huerto escolar ecológico, de Montse Escutia. He echado un ojo al índice y me ha encantado encontrarme con un montón de actividades para hacer con niños en relación con los huertos: metereología, física, química, lengua, matemáticas... Todo de forma experimental, divertida e integral. Me ha encantado. Es probable que ponga en marcha algunas de ellas con mis peques y el huerto familiar. Os lo recomiendo.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Otoño rico, rico...

Por esta casa nos hemos pasado todo el mes de septiembre haciendo mermeladas, salsa de tomate y muchas recetas con verduras. Y es que la huerta en verano es espectacular. Hoy le ha tocado el turno a una cidra que me habían regalado. No hace mucho que me enteré de que el cabello de ángel se hace con una calabaza concreta, cuya pulpa es blanca y que se llama cidra. Así que esta tarde me puse manos a la obra. Había leído varias cosas y no las tenía todas conmigo de conseguir el cabello de ángel, porque el proceso me parecía complejo. 

Finalmente, ha sido mucho más sencillo de lo esperado y hemos obtenido poco pero muy rico. 

La verdad es que estoy disfrutando mucho en y con la cocina: apreciando el trabajo, aprovechando más los alimentos, aprendiendo nuevos procedimientos, saboreando nuevos gustos, ofreciendo otras formas de comer hortalizas... Ya me estoy imaginando las empanadillas de cabello de ángel que haré uno de estos días...  

martes, 4 de octubre de 2011

Sinceridad

Siempre he envidiado a las personas sinceras. Cuando hay algo que me gustaría decir a otro u otros y no me siento capaz, después me siento fatal conmigo misma porque siento que he perdido mi libertad, y me siento encadenada a una especie de mentira. Cuando me callo es porque creo que hablando puedo hacer daño a terceros. Y siempre me mantengo en la duda entre sopesar mi libertad, la libertad del otro y el daño a terceros. Y ante la duda, prefiero el silencio. ¡Ya me gustaría ver a mi profesor de filosofía de COU ante semejante lucha dialéctica! En fin, son los posos que me han dejado el fin de semana...

viernes, 30 de septiembre de 2011

Me gustaría...

  • Me gustaría tener una cocina más grande... Para poder trastear y jugar dentro de ella con mis hijas.
  • Me gustaría tener más sentido del humor... Para hacer reír a los demás y ser más tolerante conmigo misma y con los otros.
  • Me gustaría leer libros... Para poder viajar con mi mente, con mi corazón, y también para poder dar más pasos en el camino.
  • Me gustaría pasar más tiempo en la naturaleza... Para conocerla y amarla más.
  • Me gustaría ser más paciente... Para ser más tolerante conmigo misma y con el resto.
  • Me gustaría saber escuchar... Para estar más cerca de los demás.
  • Me gustaría saber cantar... Para no tener que quedarme a medias de una canción, porque me suena fatal y me siento ridícula.
  • Me gustaría ser más sincera... Para ser más libre.
  • Me gustaría... Aprender a hablar francés, hacer el Camino de Santiago, coser a máquina, poder hablar desde la pintura... Y seguro que hay muchas cosas más pero ni se me ocurren ahora mismo, ni tampoco voy a aburriros más. 

Mirando este listado veo que casi ninguno de estos deseos requiere dinero (excepto el de la cocina, y no pienso abandonar mi excedencia para cuidado de hijos, ni la futura reducción de jornada, por una cocina más grande).  Lo que sí que veo es que  requieren tiempo: tiempo de dedicación (horas) pero también tiempo de crecimiento personal (autoconocimiento). Lo importante es que no los siento como caprichos sino como necesidades para ser una persona más integral, más feliz, y más para otros. Miro para atrás y ahora descubro que hubo otros "me gustaría" que se fueron convirtiendo en realidad,(con la pareja, con los amigos, con compañeros... ) porque pasaron a ser "quiero, necesito y ahora puedo", así que iré trabajando con la lista poco a poco, sin prisas, con ilusión, con ganas y, cuando sea posible, en colectivo.

    domingo, 25 de septiembre de 2011

    Palabras dulces

    Llega un momento en el que uno se acostumbra al día a día, a lo de siempre, y sobre todo a recibir críticas o a no recibir nada. Pero en un momento dado el otro viene y se acerca a ti y te susurra con complicidad una palabra dulce, de esas que te ponen los pelos de punta, de esas que te levantan el ánimo durante un buen tiempo. Entonces, uno se da cuenta de que también ha perdido la costumbre de decir palabras dulces, que se ha ido construyendo un caparazoncito alrededor de sí y se ha olvidado de la importancia de hacerlo. Un reto más en mi vida: decir más palabras dulces, que no empalagosas, de las que sobresaltan al otro, de las que entusiasman, de las que suenan a poesía, de las que son especiales y específicas para el otro.

    domingo, 18 de septiembre de 2011

    Creciendo gracias a la maternidad

    Mirando atrás, reconozco que el momento de mi vida en el que he estado más abierta al conocimiento es desde que soy madre de mis dos pequeñas. Ellas estimulan mi curiosidad, alimentan mis intereses, fomentan mis reflexiones, motivan nuevos aprendizajes... Mis hijas me ayudan a abrirme al mundo, a las personas, a la vida y a la historia. Además contribuyen a detectar mis sombras (de las que tanto habla Laura Gutman), a cargar con esas sombras y a tratar de aceptarlas, es decir, a conocerme más. En definitiva, creo que hay pocas cosas que me hayan hecho crecer como lo ha hecho y lo hace la maternidad. Gracias por todo chicas.

    martes, 13 de septiembre de 2011

    Hay días y días, pero...

    Normalmente el mensaje que me llega de otros con respecto a la relación con mis hijas es que soy muy blanda con ellas. En cambio yo, en el día a día, me descubro a mi misma sintiendo que soy demasiado dura con ellas, que son unas niñas, y tienen derecho a serlo y yo a veces creo que no las doy la oportunidad. La verdad es que llevo unos cuantos días de mal humor, enfadada, gritando por todo, y encima horrorizada y culpable por estar así, por tratarlas a ellas desde mi estado de ánimo. Al principio estaba con la regla y se lo achaqué a mi bajón hormonal, pero esta fase de mi ciclo pasó y yo continúo igual o incluso peor. Y necesito contarlo a ver si me sirve para cambiar de actitud, porque lo que quiero es reírme con mis hijas, contarles historias, jugar con ellas, disfrutar observándolas... Necesito un día nuevo para pedirles perdón, para comérmelas a besos, para perdonarme a mi misma y para volver a retomar el camino, el camino que he querido elegir, y abandonar por el que tengo claro que no quiero andar... Y es verdad que hay días y días, pero puedo caer en la trampa de que se convierta en algo habitual. Y es que en realidad, hay tanto por lo que debo estar alegre y agradecida ...