jueves, 15 de marzo de 2012

Jueves presumido

Estos trabajos autónomos y espontáneos de mi hija de cinco años, en los que uno puede "leer" lo que vive y siente, son los que más disfruto. ¡Muchas gracias, pequeña! Ahora que cada uno juegue a localizarse.

viernes, 9 de marzo de 2012

Mi tribu

Hoy quiero hablar de "MI TRIBU". 

Mi tribu es la pandilla que me levanta una sonrisa simplemente con verles aparecer por el parque.
Mi tribu es la comunidad que me acompaña en esta difícil tarea de ir contracorriente.
Mi tribu es el clan que me pregunta por lo que saben que me preocupa.
Mi tribu es la cuadrilla que necesita contarme lo que piensan, sienten, sus inquietudes...
Mi tribu es el grupo que me dice palabras que me cuestionan, y eso, aunque a veces duela, es fantástico.
Mi tribu es la familia que echo de menos cuando estoy lejos.
Mi tribu es una banda con la que estoy deseando un encuentro en la calle, o por teléfono para poder hablar.
Mi tribu es la pandilla con la que me río mucho y con los que lloro cuando necesito hacerlo.
Mi tribu además es la tribu de mi familia, y eso creo que nos hace a todos tener una mirada muy colectiva.
Mi tribu es como un grupo de hermanos y sobrinos, pero con la ventaja de que no son "impuestos" sino elegidos. 
Mi tribu es el equipo con el que crezco personalmente y en colectivo. 

Si no fuera por mi tribu no sería como soy. Me siento una privilegiada de formar parte de una tribu.

jueves, 8 de marzo de 2012

Como un erizo...

Ayer sentía rabia. Hoy mi rabia de ayer se ha convertido en dolor, en tristeza, en soledad e impotencia. Siento que el que está en frente de mi y tiene la autoridad no sabe manejarla y al final la convierte en autoritarismo. Lo siento en su actitud de inmovilidad y de rigidez. Lo siento en su falta de empatía para con los otros, precisamente los más desvalidos, los que más lo necesitan. Todos "esos" los mete en el mismo saco y no hay signos de preguntarse qué, por qué, cómo, cúando... Sus estrictas normas no dejan que se pregunte. Probablemente sea más fácil generalizar y no tratar de ver qué pueda estar pasando. Lo que parece importar, es que nada, ni nadie pueda "manchar" el proyecto. 

Cuando utiliza palabros y tecnicismos, los más pobres no se atreven a preguntar su significado; 
Cuando recibe a la gente con palabras de reproche y de culpabilidad, los más pobres se refugian tras su silencio; 
Cuando presenta su orden, limpieza, y pulcritud, los más pobres cometen faltas de ortografía;
Cuando muestra la pauta de trabajo con recelo y falta de confianza en los que tiene en frente, los más pobres ni se molestan en participar;
Cuando  se viste con sus normas y sus rigideces, los más pobres reciben el castigo.

¿Qué puedo hacer yo? Por el momento, esta entrada va por ellos, por los más pobres. También sé que tengo que reflexionar y hacerlo acompañada, porque tiendo mucho a polarizar a todo, lo cual también me impide ver otras cosas. Todo esto me está doliendo tanto que hasta quiero sentirme pobre, porque no haciéndolo me siento lejos de ellos.

Siento ser tan ambigua pero no puedo hacerlo de otra manera. Me ha costado muchísimo encontrar palabras para dejar hablar a mi corazón y, eso sí, ahora que lo comparto, me siento un poco más acompañada.

martes, 6 de marzo de 2012

Juegos con cartas, caseras, sobre la prehistoria



Este es nuestro último entretenimiento de las últimas semanas. Se tratan de unas cartas que hemos hecho, con cartulinas, rotuladores y plastificadora, en las que aparecen imágenes y vocabulario de la prehistoria (animales, útiles, oficios...). Como se trata de parejas de cartas, con ellas jugamos al memo o bien jugamos al "comeniños". Motivamos la lectoescritura, la observación, el vocabulario sobre el tema... Y ¡nos lo pasamos genial!


domingo, 4 de marzo de 2012

Seguimos con las mates

Me acabo de enterar aquí de que el día 1 de marzo se celebra el Día Mundial de las Matemáticas, y ahora que he empezado a enamorarme de ellas, me hace ilusión que haya un día en el que se las recuerde (con cariño, claro está).
El jueves a partir de esta entrada de Malena me decidí a desarrollar la actividad con mi hija de 5 años. Os quiero contar todo lo que aprendí yo con y de mi hija desarrollándolo. En primer lugar, B. quería sacar del "juego" al número 0, porque "no servía para nada" (no había que meter ningún abalorio). Eso me recordaba a lo que nos contaban en el en el curso de mates de la importancia de mostrar el concepto de 0 a los niños ya desde pequeños.

Al día siguiente se me ocurrió utilizar el tendedero para aprovechar la actividad del día anterior (por cierto, que no me hizo falta construirme el tendedero porque tenía uno de juguete por casa que no habíamos utilizado nunca). Así que le pedí a B. que ordenara los limpiapipas y ella titubeó y empezó a colgar el ocho y luego el uno... Me dijo que no sabía qué era ordenar. Le expliqué de otra manera lo que tenía que hacer y se puso a realizarlo y nuevamente no sabía qué hacer con el 0 pero ella sola lo acabó descubriendo.

Después hicimos otro trabajo de "investigación" en el que ella cerraba los ojos y yo le quitaba un limpiapipas y ella tenía que averiguar cuál faltaba. Como al retirarle uno le colocaba todos juntos, de nuevo, ella lo primero que dijo es que no faltaba ninguno, y lo segundo que hizo fue fijarse en la grafía del número para descubrirlo. Así, como la grafía del número no es lo más importante, se me ocurrió darle la vuelta a los limpiapipas de manera que no ser vieran las grafías numéricas y que volviera a repetirlo así, y entonces fue un poco más difícil.

Bueno, con todo esto que os comparto lo que yo he aprendido es: que no se puede dar nada por supuesto porque hay conceptos e ideas matemáticas que los niños no los tienen asimilados por muy interiorizados que los adultos los tengamos. También he aprendido que este tipo de actividades manipulativas, de corta duración y que además no suponen mucho esfuerzo por parte del adulto a los niños les gustan, les ayudan a pensar, a autocorregirse y les ponen en contacto con las matemáticas de una manera muy visual.

martes, 28 de febrero de 2012

Me gustaría guardar momentos...

Hoy E, mi hija pequeña, sacaba todos sus cacharros de un carro y los iba poniendo encima de un banco del parque. Estaba tranquila, centrada en su historia, jugando... Yo disfrutaba contemplándola. 

Mientras me calentaba al solecito y la observaba pensaba en lo diferentes que son mis dos hijas, y en lo diferente que me sitúo con cada una de ellas. Siento que B, la mayor, ha dado un cambio muy grande en estos últimos meses ha crecido, y no sólo físicamente, además ha madurado: lo veo sobre todo cuando me expresa sus preocupaciones en torno a mi regreso al mundo laboral. Siento que E, me reta cada día en esto de ser aprendiz de mamá y es que, por un lado me llena el corazón de amor, y por otro lado, me hace perder los nervios. 

Me gustaría guardar momentos (como el del parque que comentaba al inicio) en una caja y desempolvarlos de vez en cuando, porque siento que se me escapan y no los recuperaré. Están las fotos, está el blog, está el cuaderno donde escribo algunas cosas sobre ellas, están los amigos a quienes les cuentas pero... Los momentos mágicos, con las sensaciones y sentimientos que me producen, son frágiles, finitos, frugales y se me escapan. Me queda la alegría de pensar que haremos camino al andar y por ello habrá miles y miles de momentos que sólo estarán esperando a que sepa saborearlos, sentirlos, disfrutarlos...

miércoles, 22 de febrero de 2012

Cada niña en su cama

No, no os asustéis que no vamos a dejar de "colechar" en esta casa. Todos estamos muy felices haciéndolo. En realidad continúo al hilo del curso de mates, donde nos enseñaron un montón de materiales para hacer en casa. Uno de ellos se trataba de una carretera con aparcamientos a los lados en diferentes colores para emparejar por colores aparcamiento y coche. Me gustó la idea, pero además de que en casa tenemos pocos coches la idea sabía que no iba a entusiasmarle a mis peques. Así que pensé en hacer unas casitas para poner muñequitos, lo cual cuadraba más con los intereses de mis hijas. Tampoco tenía demasiados muñequitos en casa y por otra parte, María me dio una buena y sencilla idea: hacer camitas. Así que ayer me puse manos a la obra con papel, pinturas y plastificadora y en la imagen se ve el resultado: cada niña en su camita. Mi hija de cinco años ha dicho ¡qué fácil! (está claro que necesita mayores retos) y a mi hija pequeña que tiene dos años y cuatro meses se le ha quedado un poco grande. Pero no importa, lo guardo para ella para dentro de unos meses.