martes, 6 de marzo de 2012

Juegos con cartas, caseras, sobre la prehistoria



Este es nuestro último entretenimiento de las últimas semanas. Se tratan de unas cartas que hemos hecho, con cartulinas, rotuladores y plastificadora, en las que aparecen imágenes y vocabulario de la prehistoria (animales, útiles, oficios...). Como se trata de parejas de cartas, con ellas jugamos al memo o bien jugamos al "comeniños". Motivamos la lectoescritura, la observación, el vocabulario sobre el tema... Y ¡nos lo pasamos genial!


domingo, 4 de marzo de 2012

Seguimos con las mates

Me acabo de enterar aquí de que el día 1 de marzo se celebra el Día Mundial de las Matemáticas, y ahora que he empezado a enamorarme de ellas, me hace ilusión que haya un día en el que se las recuerde (con cariño, claro está).
El jueves a partir de esta entrada de Malena me decidí a desarrollar la actividad con mi hija de 5 años. Os quiero contar todo lo que aprendí yo con y de mi hija desarrollándolo. En primer lugar, B. quería sacar del "juego" al número 0, porque "no servía para nada" (no había que meter ningún abalorio). Eso me recordaba a lo que nos contaban en el en el curso de mates de la importancia de mostrar el concepto de 0 a los niños ya desde pequeños.

Al día siguiente se me ocurrió utilizar el tendedero para aprovechar la actividad del día anterior (por cierto, que no me hizo falta construirme el tendedero porque tenía uno de juguete por casa que no habíamos utilizado nunca). Así que le pedí a B. que ordenara los limpiapipas y ella titubeó y empezó a colgar el ocho y luego el uno... Me dijo que no sabía qué era ordenar. Le expliqué de otra manera lo que tenía que hacer y se puso a realizarlo y nuevamente no sabía qué hacer con el 0 pero ella sola lo acabó descubriendo.

Después hicimos otro trabajo de "investigación" en el que ella cerraba los ojos y yo le quitaba un limpiapipas y ella tenía que averiguar cuál faltaba. Como al retirarle uno le colocaba todos juntos, de nuevo, ella lo primero que dijo es que no faltaba ninguno, y lo segundo que hizo fue fijarse en la grafía del número para descubrirlo. Así, como la grafía del número no es lo más importante, se me ocurrió darle la vuelta a los limpiapipas de manera que no ser vieran las grafías numéricas y que volviera a repetirlo así, y entonces fue un poco más difícil.

Bueno, con todo esto que os comparto lo que yo he aprendido es: que no se puede dar nada por supuesto porque hay conceptos e ideas matemáticas que los niños no los tienen asimilados por muy interiorizados que los adultos los tengamos. También he aprendido que este tipo de actividades manipulativas, de corta duración y que además no suponen mucho esfuerzo por parte del adulto a los niños les gustan, les ayudan a pensar, a autocorregirse y les ponen en contacto con las matemáticas de una manera muy visual.

martes, 28 de febrero de 2012

Me gustaría guardar momentos...

Hoy E, mi hija pequeña, sacaba todos sus cacharros de un carro y los iba poniendo encima de un banco del parque. Estaba tranquila, centrada en su historia, jugando... Yo disfrutaba contemplándola. 

Mientras me calentaba al solecito y la observaba pensaba en lo diferentes que son mis dos hijas, y en lo diferente que me sitúo con cada una de ellas. Siento que B, la mayor, ha dado un cambio muy grande en estos últimos meses ha crecido, y no sólo físicamente, además ha madurado: lo veo sobre todo cuando me expresa sus preocupaciones en torno a mi regreso al mundo laboral. Siento que E, me reta cada día en esto de ser aprendiz de mamá y es que, por un lado me llena el corazón de amor, y por otro lado, me hace perder los nervios. 

Me gustaría guardar momentos (como el del parque que comentaba al inicio) en una caja y desempolvarlos de vez en cuando, porque siento que se me escapan y no los recuperaré. Están las fotos, está el blog, está el cuaderno donde escribo algunas cosas sobre ellas, están los amigos a quienes les cuentas pero... Los momentos mágicos, con las sensaciones y sentimientos que me producen, son frágiles, finitos, frugales y se me escapan. Me queda la alegría de pensar que haremos camino al andar y por ello habrá miles y miles de momentos que sólo estarán esperando a que sepa saborearlos, sentirlos, disfrutarlos...

miércoles, 22 de febrero de 2012

Cada niña en su cama

No, no os asustéis que no vamos a dejar de "colechar" en esta casa. Todos estamos muy felices haciéndolo. En realidad continúo al hilo del curso de mates, donde nos enseñaron un montón de materiales para hacer en casa. Uno de ellos se trataba de una carretera con aparcamientos a los lados en diferentes colores para emparejar por colores aparcamiento y coche. Me gustó la idea, pero además de que en casa tenemos pocos coches la idea sabía que no iba a entusiasmarle a mis peques. Así que pensé en hacer unas casitas para poner muñequitos, lo cual cuadraba más con los intereses de mis hijas. Tampoco tenía demasiados muñequitos en casa y por otra parte, María me dio una buena y sencilla idea: hacer camitas. Así que ayer me puse manos a la obra con papel, pinturas y plastificadora y en la imagen se ve el resultado: cada niña en su camita. Mi hija de cinco años ha dicho ¡qué fácil! (está claro que necesita mayores retos) y a mi hija pequeña que tiene dos años y cuatro meses se le ha quedado un poco grande. Pero no importa, lo guardo para ella para dentro de unos meses.

martes, 21 de febrero de 2012

Quitarse lastres de encima

El sábado nos contaban en un curso de matemáticas que la gente que hacía el curso podía ser de tres tipos: los que han tenido siempre problemas con las mates, los que son unos apasionados y los neutros (estos últimos parece ser que son los menos). Yo pertenezco a los de la primera categoría y siempre lo he llevado como una espinita. Era aquello de: "es que a mi se me dan fatal las mates"; "es que yo no sirvo...". En fin, recuerdo perfectamente lloreras delante de las páginas de los problemas de los cuadernillos Rubio, porque ya sólo con empezar a leer el enunciado, decía que no era capaz de hacerlos. ¡Qué inseguridad, qué miedo y qué bloqueo! Me imagino que esto le seguirá pasando a algunos niños de hoy día... Pero hay medios para evitarlo y sólo que hay que acercarse a ellos.

He aprendido muchísimas cosas en seis horas de curso pero lo más significativo para mi ha sido:
- Valorar el error como el camino hacia el aprendizaje.
- Posibilitar la autocorrección, como método de investigación y como vía para facilitar la seguridad y la confianza en uno mismo.
- Considerar el proceso de maduración de cada uno y evitar adentrarse en terrenos para los que no se está preparado (no forzar los aprendizajes).
- Plantear los problemas conectados con la vida y como un escaparate donde encontrar diferentes resultados posibles.

Cuando mi peque mayor era chiquitina, y teniendo en cuenta mi pavor hacia las mates, me puse como una loca a investigar y eso me llevó al material manipulativo: Montessori, las regletas... Me puse "como una loca" a comprar algunos materiales que después no he sabido muy bien qué hacer con ellos, cómo usarlos... El curso me ha venido fenomenal para caer en la cuenta de errores, para ser paciente y para ponernos en marcha con algunas cosas que sí que podían ser interesantes. B. ha disfrutado, durante esta tarde, de un par de estupendos momentos con el tangram (en la imagen superior).

miércoles, 15 de febrero de 2012

Segunda parte: "Próxima parada..."

Una vez al mes, la tarde de un domingo, cuatro parejas con niños nos juntamos en el barrio de Canillejas. Los niños juegan con algunos de los padres y el resto nos reunimos en una sala, con pequeños que se acercan de vez en cuando a tomar teta, o a recibir las caricias de mamá porque se ha caído y se ha hecho daño. Compartimos momentos vitales parecidos, todos con niños pequeños, y compartimos una misma vivencia del mundo del trabajo y un camino de fe militante. 

Yo he de confesar en primer término, que a priori, siempre me da una pereza terrible movernos (vamos todos en familia) hasta allí. Pero, después, salgo a las ocho de la tarde con las pilas cargadas para continuar, al menos, la semana siguiente. Revisamos nuestra vida (que es la vida con los demás: en el barrio, en el trabajo, en el sindicato, en la asociación de vecinos, en el AMPA... con Juan, con Marisa, con Chema...) y escuchamos los testimonios obreros y cristianos que nos lanzan a compromisos concretos con la gente con la que estamos. 

Tengo mis alti-bajos y a veces no valoro la maravilla de tener este grupo de amigos, de militantes que son los que me empujan de nuevo hacia la vida para participar en la construcción de otro mundo más justo: otra educación, otro mundo laboral, otra forma de relaciones humanas...

Una vez al año solemos hacer una parada de fin de semana, todos en familia, y a una de esas paradas pertenece la imagen superior (visitando un castillo de un pequeño pueblo salmantino llamado Ledesma).

lunes, 13 de febrero de 2012

Primera parte: "Próxima parada..."

Hay algunos que creen que estando de excedencia trabajo más que cuando trabajaba. Hay otros que opinan que a mi no se me cae la casa encima... Mis días, unos más que otros, son bastante moviditos, pero escuchando mi silencio me doy cuenta de que en ese ajetreo descubro algunas paradas casi diarias.

Hoy vengo a contaros una parada que hago casi cada mañana. Ahí está: el encuentro telefónico con mis padres. No suele ser una parada larga, porque, en primer lugar, no hay grandes cosas que decirse hablando casi a diario, y en segundo lugar, porque siento como que mi madre quiere acabar pronto de hablar, pero no porque no le apetezca, sino porque creo que piensa que me está quitando el tiempo, o que molesta o algo así... Les pregunto qué están haciendo, y en general no hay grandes cambios: la compra, la comida, el paseo matinal, el ordenador... Yo les cuento lo que estoy haciendo de comida y me preguntan, lógicamente por las peques... Aunque me cuesta, a veces, les digo cómo veo algunas cosas o cómo me siento con otras. Mi padre entonces me da su opinión, y mi madre siempre se la reserva. 

En cualquier caso, me encanta esta parada diaria. Hay como un antes y un despues de la parada: siento que me llena de alegría, que me devuelve a mis raíces y que me impulsa de nuevo hacia el ajetreo. Como en toda parada, me proporciona el habituallamiento para continuar.